Como decíamos ayer...
...esta es la rutica del domingo, un entrenamiento de fondo ciclista de 160 km. con tres puertos (Mijares y Serranillos durísimos), viento constante y bastante frío.
Empiezo a sacar fotos en
GAVILANES, donde este verano se vivió con
PASION el encuentro entre el sector varachotis y varabolo. Podemos poner música de Miguel Rios de fondo y cantar eso de:
"
Yo recuerdo aquel día que nos fuímos a bañaaaaaaaaaar
aquel agua tan fría y tu forma de nadaaaaaaaaaaaar
en el río aquel, tu y yooooooooo...."
Y no sigo, que el señor Mascachapas se me ruboriza.
Paso por Gavilanes mirando de reojo el lugar de la pitanza. La carretera de Gavilanes a Mijares sigue en obras, pero mucho peor. Ahora cambio al Fari:
"
Precausión, amigo condustor, que la senda es peligroosa..."
El asfalto desaparece y ruedo sobre cantos rodados. Mi pericia y un poco de buena suerte impiden el desastre. Mijares ronca el cambio de hora, parece un pueblo fantasma.
Empiezo la subida del puerto. Al poco, y hasta la subida, el asfalto está totalmente empapado. Sigo con el Fari. Por suerte el asfalto es rugoso y agarra bien. Algunos habitantes del puerto salen a saludarme.
El frío va en aumento. La engañosa luz del sol va abriéndose paso entre las nubes, mientras la temperatura baja, al mismo ritmo que la altura va subiendo.
Y es que a veces es mejor acoplarse a las circunstancias, encogerse de frío, rememorar el invierno tan cercano, acurrucarse en la cordura, y proseguir camino.
Porque el camino, aunque lo hayas hecho docenas de veces en coche, en bici, solo o acompañado, siempre te sorprende con algo nuevo.
Y aunque la gente te pregunte "¿Por qué?" tú sabes que la razón está ahí fuera esperándote...y si no, es igual, mientras disfrutes la búsqueda.
Y tú sabes que la victoria es una quimera que cualquier memo puede alcanzar, pero tus sensaciones son tuyas, y esas nadie te las podrá quitar...¿verdad, varachotis?
La vista hacia el norte es espeluznante, azota el viento, el frío...desolador. Las laderas, peladas. Solo el piorno sobrevive retorciendose de mala manera. La montaña y el frío imponen su ley.
Las distancias, irreales. El tiempo, a veces detenido, a veces desbocado, confunden los sentidos. El firmamento gira al ritmo de las nubes, desenfrenadas y muy cercanas.
Pero el camino no espera, conduciéndonos al abismo, ocultando la esperanza en cada curva. Promesas, promesas...
Al llegar al valle, todo vuelve a su ser. El mal de altura desaparece, todo encaja.
Ruedo plácidamente, como un autómata. Así debería ser la vida.
El agua chorrea por doquier. El frío sigue apretando, pero el bucólico paisaje tranquiliza mi espíritu, azorado de tanta soledad y lejanía.
Pero no te engañes, es sólo una pausa. La nieve, desafiante y hermosa, indica lo que nos queda por pasar. La montaña no engaña.
Los chuletones están en la nevera, por si algún afortunado aventurero quisiera venir a probarlos. MIentras, están madurando por estas praderas inmaculadas.
Serranillos. Mientras rumia su bien ganada fama ciclista, olimpo de vencedores y perdedores, asiste ajeno a todo a mi paso. Por sus calles han bajado a toda leche los mejores ciclistas del planeta.
Y ajeno a todo, el paisaje, que nos ve pasar a unos y a otros como peleles del tiempo, manipuladores de la belleza virgen y descerebrados irrespetuosos.
Mi Nirvana, mi Avalon...siempre en mi pensamiento. Desafío constante para mis piernas, obsesión enfermiza en mi pensamiento.
El contraste entre el norte y el sur, más que evidente.
Serranillos sur, mirador natural de las cinco villas, coso ciclista mediático y mítico.
Enfilo la bajada con nostalgia infinita de los buenos ratos pasados por aquí, sufriendo como un perro, eyaculando felicidad por todos los poros de mi piel al llegar a la cumbre.
La certeza de que nada es para siempre es evidente en nosotros, en las montañas...en todo.
Pues somos como el brillo de una estrella: por más que brillemos o deslumbremos, condenados a desaparecer y a olvidarnos. Solo nos queda el consuelo de intentar hacer felices a nuestros compañeros de viaje.
Vanitas vanitatis. Todo es vanidad. La belleza, la maldad...pero qué más da. Sigamos impertérritos.
Otro hito en el camino, el puerto de Pedro Bernardo, puerto bellísimo al que el cruel fuego despojó de su cubierta vegetal, dejándolo un tanto minusválido.
Al fondo, la sierra de San Vicente, cercana a Talavera, solitaria en mitad de la llanura, como un iceberg desgajado del glaciar de Gredos, montaña solitaria.
Mientras bajo por estas laderas, mi paisano Alvaro Bautista conseguía el triunfo en Jerez en 125. Un chaval majísimo. Esperemos que el triunfo no le cambie.
Abajo, en las llanuras del 'Serengeti', los ñues pastan, la cebras corretean, y la hierba crece indomable. En tres meses, todo estará seco.
Y siempre que paso por este tramo, recuerdo con gozo a Hinault y Jalabert, machacando con insolencia a sus rivales, un placer de dioses verles en directo.
A partir de aquí la temperatura sube descaradamente, pasando de un frío respetable a sudar moderadamente dentro de la coraza. Como dice el Corte Inglés 'Ya es primavera'...
Y voy a ver ver si no me sale el CGI TIME OUT y lo jodemos todo...