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El espíritu motero

Algo que escribí el otro día.

Madre, no me eches de menos porque no me ves en casa. No te preocupes por no ver nunca mi cama deshecha, mi cuarto desordenado, mi luz encencida y mi PC descargando.
Madre, no te sientas triste ni pienses que has perdido un hijo, sinó que has ganado un angel, cuyas alas sobrevuelan el asfalto. Mis manos sujetan el timón de mi barco de dos ruedas, que sobre sus pies navega, por la tierra imperecedera. En mi camino me he cruzado con otros marineros, algunos amables, algunos cascarrabias. He visto locos al mando de fuerabordas, ignorando el peligro que supone el mar rizado y el viento cruzado. He acompañado transatlanticos en sus viajes y al pasar cerca de ellos, nos hemos saludado, como iguales que somos, en este mar negro, tapizado de manchas blancas.
Mis ansias de viajar y ver mundo, no quedan empequeñecidas porque la distancia es grande, sinó que se agrandan, diciéndome que me aguardan aventuras increibles, al otro lado del horizonte. El motor que impulsa mi nave, me mira con ánsias cada vez que bajo de casa al parking y lentamente me acerco a el. Sonreimos los dos, sin saber a ciencia cierta qué nos espera, pero con ánsias de que llegue. Siempre, bajo un cálido sonido, acciono la llave y mis alas tiemblan primero y se agitan después. Desperezandose, ábriendo y cerrandose varias veces, hasta que se sienten dispuestas para empezar el camino.
Cierro mi chaqueta, ajusto mis botas. Casco y gafas, y por último mis guantes. Mis pantalones se tensan un momento y luego se acomodan, como lo hacen mis posaderas, al asiento que ya me conoce y me acepta como patrón de barco y como compañero de viaje.
Y empieza el viaje, cargado de herotismo y sensualidad. Sé que voy a donde no he estado nunca antes y que mis ojos van a disfrutar de imágenes que recordaré toda mi vida.
Nunca me siento solo, pues me acompaña el viento, la lluvia, los pájaros y las nubes. En la bóveda del cielo tengo a mis amigas las estrellas. De día y de noche el viaje nunca se detiene, sinó es para dormir plácidamente o para comer, allí donde mi estómago me lo indique.
Sé que lo que ahora empieza, terminará en un momento u otro, pero también sé, que cuando vuelva, al apagar el ronroneo del corazón de mi montura, no pasará mucho tiempo, sin que vuelva a oirlo de nuevo.
Y todo eso, será cuando tenga moto.

anm
Mi espíritu es motero, mi cuerpo, la moto y la moto una extensión de mis pensamientos.

Dedicado a todos los moteros que ya disfrutan de sus dos ruedas.

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